¿El deterior cognitivo y la demencia son lo mismo?

Cuando se trata de atención de las personas mayores, la mayoría de las personas consultan por olvidos frecuentes, pero ¿realmente esto puede ser un signo de demencia o deterioro cognitivo?

En muchos casos, los familiares son quienes detectan los primeros signos, aunque algunos los atribuyen erróneamente al envejecimiento normal. En atención primaria, la evaluación de un paciente con quejas de memoria debe incluir un análisis detallado de la pérdida de memoria, un examen cognitivo específico y una valoración del impacto funcional.

El deterioro cognitivo leve se caracteriza por dificultades significativas de memoria documentadas mediante pruebas objetivas, sin cumplir los criterios diagnósticos de demencia, ya que no afecta el funcionamiento social u ocupacional. En contraste, la demencia implica un deterioro en la memoria y otras habilidades cognitivas que interfieren con las actividades diarias del paciente.


Es fundamental descartar causas secundarias como depresión, ansiedad, abuso de sustancias, trastornos del sueño y efectos adversos de medicamentos. La depresión, en particular, puede generar déficits en atención y memoria que pueden revertirse con un tratamiento adecuado. Además, condiciones como la fibromialgia pueden manifestarse con "niebla cognitiva", caracterizada por dificultad para concentrarse y mantener la atención.

El diagnóstico de demencia requiere una evaluación integral para identificar causas reversibles, aunque estas representan solo el 1% de los casos. Entre ellas se incluyen el hipotiroidismo, la deficiencia de vitamina B12, infecciones como el VIH o la neurosífilis, y la toxicidad por fármacos o alcohol.

El deterioro cognitivo leve puede o no ser una etapa temprana de la demencia, especialmente en la enfermedad de Alzheimer. Aproximadamente el 50% de los pacientes con deterioro cognitivo leve progresan a demencia en un período de 3 a 5 años.


El diagnóstico del deterioro cognitivo se basa en una evaluación clínica cuidadosa que incluye la historia médica del paciente, la progresión de los síntomas y pruebas cognitivas validadas. No se recomienda realizar estas evaluaciones en adultos asintomáticos, pero sí en aquellos con factores de riesgo elevados o síntomas sugestivos. La edad avanzada es el principal factor de riesgo, con una prevalencia de demencia del 1% a los 60 años, que se duplica cada cinco años, alcanzando cerca del 30% a los 85 años. La supervivencia tras el diagnóstico varía entre tres y nueve años.

Los signos y síntomas que deberían alertar a los pacientes y sus familiares para consltar incluyen:

  • Dificultad para recordar, seguir instrucciones o tomar medicamentos.
  • Deterioro en las actividades instrumentales de la vida diaria.
  • Cambios conductuales, como depresión o ansiedad.
  • Desorientación en citas médicas o fechas importantes.
  • Disminución del autocuidado.
  • Problemas en la gestión de sus finanzas.

La evaluación temprana es clave para diferenciar entre envejecimiento normal, deterioro cognitivo leve y demencia, lo que permite un mejor manejo integral y una planificación adecuada del cuidado del paciente.

 

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